¡En la ciudad de la bomba atómica!



Hoy en día, la ciudad de Los Alamos en Nuevo México es rápidamente asociada a la bomba atómica, pero allá por 1943, este lugar era un punto que no se encontraba en ningún mapa. Nadie sabía de su existencia y nadie sabía lo que ocurría allí. De hecho, los bebés que nacieron allí, hijos de los científicos y trabajadores del lugar, no tienen Los Alamos como lugar de nacimiento en su certificado de nacimiento, sino el código postal nº1663.


Y, ¿por qué?


Porque en las entrañas de la ciudad se cocinaba uno de los proyectos secretos más exitosos de la historia de la humanidad: el Proyecto Manhattan. Era tan Top Secret que, a día de hoy, la inteligencia americana lo sigue usando como ejemplo de cómo llevar a cabo a la perfección un proyecto secreto con miles de personas involucradas sin que ninguna información se filtre al enemigo.



Con esta introducción no es de extrañar que alguien como yo pensara:

-“Tengo que ir a ese lugar, pero ¡¡¡YA!!!" Así que Google Maps en mano y, ¡para el sur que salimos en busca de la ciudad atómica! ¡¡¡¡¡Yeahhhhh!!!!


Situada al noreste del estado norteamericano de Nuevo México, Los Alamos es una peculiar ciudad que se encuentra a medio camino de la nada. Localizada en pleno desierto y entre cañones, es un lugar muy agradecido de visitar. ¿Qué por qué agradecido? Pues porque conduzcas desde donde conduzcas, el camino hacia Los Alamos es precioso. Nosotros condujimos desde Boulder, Colorado y en el trayecto pudimos visitar:


Las preciosas dunas del Parque Nacional de Great Sand Dunes en Colorado.




El Jardín de los dioses, también en Colorado.



Y las ciudades de Santa Fé y Taos, ¡a cuál más bonita!


De camino también hay muchos pueblos de nativos americanos que merece la pena visitar, pero debido a Covid-19, ningún no miembro de sus tribus podía entrar.


Cuando llegamos a Nuevo México la verdad que yo no cabía en mí de la emoción. Siempre fue un lugar en mi lista de ´Sitios relativos a la ciencia que TENGO que visitar en mi vida´, y claro, comprenderás el grado de felicidad que llevaba encima.


Hasta ahora estos son algunos de los que ya he tachado de mi lista: El acelerador de partículas más grande el mundo en Suiza, el observatorio radio astronómico VLA de Nuevo México, el radiotelescopio de Arecibo en Puerto Rico, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), el laboratorio de Cavendish donde se descubrió el electrón en Inglaterra, etc, aunque, a decir verdad, son más los que me quedan por visitar que los que he visitado. Razón por la cual dejar de explorar no es una opción…

En fin, volviendo a Los Alamos, la ciudad fue exactamente lo que esperaba de ella. Al entrar en ella puedes oler la radiactividad. Mmmmmmm. No en sentido literal claro. (Por si no lo sabes, la radiactividad, la muy cabrona, no puedes detectarla ni aunque te esté pegando una bofetada en la cara.) Esta radiactividad de la que hablo se olía por todas partes porque todo tenía que ver con el proyecto Manhattan. Había plazas, calles y edificios con nombres como Richard Feynman, Trinity Drive, Manhattan Project Park, etc por no mencionar el nombre de las cervezas y cocktails que te puedes pedir ahí.


Una vez allí, nos quedó claro que bajo ningún concepto podríamos visitar el Laboratorio Nacional de Los Alamos, ya que ningún ciudadano que no sea americano puede ni oler el aire que rodea sus instalaciones. (Tremenda exagerada, pero, ¡ya me conocen!) Incluso cuando pasamos por una carretera que pasaba a unos metros del complejo científico nos paró la policía preguntando que qué hacíamos allí y que no sacáramos ninguna foto de o desde la carretera.

Los Alamos National Laboratory se encarga de la seguridad nacional y de todo lo que tenga que ver con el núcleo del átomo. En él trabajan casi siete mil personas, siendo físicos, matemáticos, químicos e ingenieros la mayor parte de ellos. Fue creado en la Segunda Guerra Mundial y es uno de los emplazamientos científicos interdisciplinares más grande del mundo, recibiendo un presupuesto anual de unos 1200 millones de dólares…. ¡Agúita!


¿Y qué era el Proyecto Manhattan?



Por si no lo sabes, te cuento de forma rápida las pinceladas más importantes...

Básicamente el proyecto trataba de crear una bomba atómica antes de que los nazis lo lograran, para así poner fin a la Segunda Guerra Mundial. Muchos científicos sentían gran preocupación por ser partícipes de algo así, pero también sabían que debían ser ellos y no el enemigo quién lograra tal hazaña. Habían llegado ya rumores de que los nazis perseguían la construcción de una bomba atómica y no fue hasta que Leo Szilard convenció a Albert Einstein de escribirle una carta, al aquel entonces presidente de Estados Unidos, Theodor Roosevelt, advirtiéndole de la necesidad de crear dicha bomba antes que los alemanes. Fue entonces cuando el proyecto más ambicioso de la historia comenzó a forjarse. Pero había tres grandes problemas con los que lidiar:


El primero era reunir suficiente material fisible para crear una bomba. Para ello debían de obtenerse y procesarse toneladas, y toneladas, y toneladas, y toneladas (y toneladas, jaja) de mineral para sacar apenas unos kilogramos de Uranio y de Plutonio. También había que enriquecerlo, puesto que por ejemplo, el Uranio-235 era más eficiente que el Uranio 238, por lo que había que separar a estos dos isótopos, algo que era extremadamente difícil. Para todo esto fue creado, entre otras, la planta de Oak Ridge en Tennessee, donde trabajaban… ¡¡¡¡80.000 personas!!!!


El segundo problema era diseñar la bomba en sí. Para ello haría falta reunir a los mejores científicos del país, convencerles para trabajar en un proyecto SIN decirles en qué consistía y convencerles también de dejar todo lo que estuviesen haciendo en ese momento para mudarse, durante probablemente años, a un sitio desconocido junto a sus familias. (¡Imagínense lo difícil que era eso! Al final, para captar a más científicos, recurrieron a la frase: "Si dices que sí, tu contribución podría contribuir a ganar la guerra"...)


Y el tercer problema era mantener todo esto en el más absoluto de los secretos. Y cuando digo el más absoluto de los secretos digo que incluso el hecho que bebieran alcohol estaba controladísimo según en qué sitio, para que nadie se fuese de la lengua en medio de una borrachera.... Ya sabemos que los niños y los borrachos nunca mienten...¡jaja! Para controlar aspectos relativos a la seguridad gubernamental y para organizar la logística de un proyecto de tal envergadura,que involucraba tantísimos recursos, personas y millones de dólares, debían de conseguir un jefe militar muy inteligente, con mucha autoridad pero que supiese lidiar con excéntricos científicos, que no es precisamente lo mismo que tratar con militares. El elegido fue el coronel Leslie Groves, que después de ser muy criticado por el coqueteo que tuvo Robert Oppenheimer con los comunistas, eligió a este como jefe científico del proyecto. Y no se equivocó. La brillantez y magnetismo de Robert J. Oppenheimer fueron clave para el éxito del proyecto. La verdad que el trabajo conjunto de ambos, que al principio fue puesto en tela de juicio, resultó ser una de las relaciones de trabajo más fructíferas de la historia.


Long story short, como dicen en Estados Unidos, después de muchas trabas y complejidades (muchas, muchas, muuuuchas) a lo largo del camino, el 16 de julio de 1945 lograron detonar en secreto y con éxito la primera bomba atómica de la historia en el desierto de Socorro, Nuevo México, la cual sirvió como prueba de que este tipo de arma servía para ser usada. Este lugar, el Trinity Site, solo abre al público dos veces al año, alrededor de abril y octubre, y puede visitarlo cualquiera. No se pueden sacar fotos del camino, solo del punto exacto donde se detonó la bomba y no puedes llevarte ni una piedra, lo cual es considerado una ofensa criminal (ay ay ay, estos americanos...) aunque me han dicho que muchos llevan botas para pisar fuerte el terreno y traer incrustado en la suela los pequeños fragmentos verdes resultantes de la explosión, que by the way, aún son radiactivos. ¡Yo llevaría esas botas FIJO! ¡Pillería máxima! Estas piedritas verdes las llaman, trinititas, en honor al nombre del lugar... En fin, no pudimos visitar este lugar porque estaba cerrado por el covid-19. (Cuántas cosas que nos ha impedido hacer esta pandemia...).

Tristemente, apenas un mes después de la detonación controlada y secreta en el Trinity Site, las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki fueron detonadas en Japón siendo el fin del conflicto bélico y el inicio de la era atómica.


Con respecto a este tema, me quedo con la famosa frase que Albert Einstein dijo en 1945: “El descubrimiento de las reacciones nucleares no tiene porqué ser una amenaza más grande para la destrucción de la humanidad que el descubrimiento de cerillas.”

Hoy en día, las aplicaciones de haber fisionado el núcleo de un átomo tienen muchas más aplicaciones que la de crear bombas (menos mal...). Por ejemplo, hay un campo en la medicina llamada Medicina nuclear en la que gracias al estudio con isótopos radiactivos, tenemos efectivos fármacos que se usan en el tratamiento contra el cáncer.

Bueno, te cuento lo que sí se puedes visitar como no americano en Los Alamos. Lo primero es hacer una visita a la famosa calle donde los científicos del proyecto Manhattan vivían durante los años en los que tuvo lugar. La famosa calle Bathtub road, que se llamaba así porque eran las primeras casas de aquella época con bañera. Aquí puedes encontrar la casa del famoso Robert Oppenheimer, responsable de la parte científica del proyecto, y la casa del Premio Nobel James Chadwick, que además de ser uno de los científicos del proyecto, fue el responsable del descubrimiento del neutrón en 1932, esa partícula tan necesaria para mantener el núcleo atómico unido y también crucial para producir energía nuclear en un reactor.







También puedes visitar Los Alamos Ranch School, que es donde los científicos del Proyecto Manhattan hacían vida social. Fuera del edificio, hay una figura de Oppie (como yo le llamo) y el general Groves, que fueron las figuras responsables del éxito del proyecto.




Una vez visitamos el centro de la ciudad, que está llena de exposiciones al aire libre con restos de los edificios del proyecto, nos fuimos a la meseta a una zona de acampada y montamos la tienda de campaña al lado de un precioso cañón. Éramos prácticamente los únicos allí y disfrutamos una barbaridad de la fogata, el vino y mi cómic del Proyecto Manhattan.


Como también me estaba leyendo la biografía de Robert Oppenheimer, en este exquisito libro se mencionaba que el lugar favorito de Oppie era una cabaña que tenía en medio de un bosque en un lugar indeterminado de Nuevo México. La cabaña se llama “Perro Caliente” y fue un lugar crucial en la vida de Oppie. Siempre que tenía la oportunidad, se escapaba unos días para meditar, leer y montar a caballo por las montañas de la Sierra de su amado Nuevo México. Así que sabiendo esto, nos aventuramos a buscar la cabaña. La dirección no estaba por ninguna parte pero tras unas horitas de búsqueda, logramos dar con las coordenadas y allá que nos fuimos. (Madre mía chiquita stalker!).


En fin, después de horas de conducción por pequeñas carreteras, luego pistas de tierra, y luego pistas muy deterioradas de tierra, llegamos a aquel lugar remoto para ver la cabaña desde la distancia. Claro, es propiedad privada, así que ni se nos ocurrió asomar el morro más allá de la valla. No sé si lo saben, pero los americanos se toman muy en serio eso del traspaso de una propiedad privada….. Pero bueno, me fue suficiente ver la cabaña desde la pista de tierra e imaginarme al gran Oppenheimer sentado en aquel porche de madera, absorto en sus pensamientos con su característico cigarrillo en la mano que siempre le acompañaba.

Para más info del Proyecto Manhattan, te recomiendo echar un vistazo a estos libros. Hay muchísimos, pero esto son los que yo me he leído y me han gustado mucho.

El primero sería "Trinity: A graphic history of the first atomic bomb" de Jonathan Fetter-Vorm. Es un comic súper entretenido donde te cuentan lo súper importante sin entrar en detalle.







El segundo es "American prometheus. The triumph and tragedy of J. Robert Oppenheimer" de Kai Bird y Martin J. Sherwin. Por supuesto que estará en español. ¡Este libro es diametralmente opuesto al anterior! Con decirte que es un Premio Pulitzer te lo digo todo. Tiene 600 páginas y te explica con todo lujo de detalle lo que hay que saber acerca de la vida de Robert Oppenheimer, padre de la bomba atómica y todo lo que ocurrió antes, durante y después del Proyecto Manhattan. He leído un tercio de él y aún estoy en ello..¡jaja!



Y el tercero, "A guide to the Manhattan Project in New Mexico" de Cynthia Kelly. Esta es una sencilla guía de todos los sitios que puedes visitar en Nuevo México que están relacionados con la bomba atómica. No solo Los Alamos, sino el sitio donde se tiró la primera bomba atómica de prueba y mucho más...).


Bueno, pensaba escribir un Post cortito, pero al final resultó ser más largo de lo que esperaba. Disculpen, pero cuando a una le apasiona un tema....¡es la emoción más que la razón la que habla!


Seguiré viajando lo que el covid permita. Me tuve que marchar de Estados Unidos, así que ahora ando por Londres y toca explorar Europa una temporada.


Espero que te haya gustado esta historia y que se te haya despertado el gusanillo de la curiosidad por visitar este rincón del mundo donde la historia de la ciencia y la humanidad escribieron un capitulo muy importante.


Bueno, me despido esperando que te haya gustado este Post ...

Como siempre, mirando al mundo con esa "mirada cuántica".