En la América profunda

Vivimos unos tiempos convulsos en el que echamos de menos muchísimas cosas...

Esa bendita normalidad en la que abrazábamos a quién queríamos, bailábamos hasta la que se hiciera de día o nos movíamos sin miedo a donde nos daba la gana.


Y evidentemente, una cosa que se ha vuelto muy difícil durante estos días es viajar.


Por suerte, donde vivo ahora mismo, nos permite coger el coche y conducir y conducir hasta ver destinos increíbles. Además, como se trata de una minivan, dormimos en él y evitamos cualquier contacto no deseado en tiempos de virus. Me considero una persona con suerte y aprecio cada oportunidad.


Hace unas semanas condujimos 640 km desde nuestra casa en Boulder, Colorado, hacia el Parque Nacional de Badlands en Dakota del Sur.


Solo pudimos visitar la parte norte del parque, ya que la parte sur es manejada por la tribu de los Lakota Sioux y debido a covid-19, no estaba abierta ni siquiera al paso de vehículos.


El Parque Nacional de Badlands es un sitio muy especial. Ubicado en Dakota del Sur, sus impresionantes formaciones geológicas y sus colores sobresalen dramáticamente. Estuvimos apenas dos días, pero nos dio tiempo de quedarnos con la esencia del lugar.


Después de visitar Badlands, que por cierto, era nuestro parque nacional número 40 visitado en EEUU, condujimos 120 km dirección Oeste hacia el famosísimo Monte Rushmore. Es un sitio muy turístico, pero vale la pena. Yo tenía mis dudas de si me iba a gustar o no, pero sin duda es un "must" de sitios que ver en este enorme país.


Finalmente, condujimos más hacia el Oeste, metiéndonos en el Estado de Wyoming para visitar el famoso Devils Tower, que seguramente recordarán por la famosa película de Steven Spielberg, "Encuentros en la tercera fase". Este peculiar monolito es lugar sagrado para los Lakota. Una vez allí, lo más que me impresionó fue ver a un miembro de la tribu de los Lakota rezando a los pies del monolito. Tenía dos trenzas hasta la cintura con un pelo negro precioso y tenía el brazo estirado hacia la montaña como queriendo coger su energía. Los árboles de alrededor tenían una serie de trozos de tela atados a las ramas, fruto de estas oraciones...


¡Sin duda, un viaje corto, intenso y muy bonito!


Y aquí os dejo un vídeo de cinco minutillos en el que os enseño algunas de las pequeñas bellezas que vi.


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Roman Romanenko