48 intensas horas en Quito, Ecuador

Hace poco tuve la oportunidad de viajar a una de las capitales más altas del mundo: ¡Quito, Ecuador!

Sus imponentes 2850 metros se notan nada más aterrizar, ya que se hace un poquito más difícil respirar con normalidad. La primera noche me despertaba cada minuto porque me daba la sensación de asfixiarme mientras dormía. (Ya sabes, contando mis dramas, como siempre...). Lo mismo me ocurrió cuando estuve en México DF, que también está a unos 2000 y pico metros.

Enclavada en el Valle de Quito y rodeada de volcanes activos de la cordillera occidental de Los Andes septentrionales, Quito es una ciudad en la que los edificios y casas parecen estar engarabitadas al filo de lo imposible, en empinadísimos riscos, rodeadas por un intenso verde selvático, un profundo cielo azul y donde sus gentes transitan de forma desordenada y con un patrón de tráfico algo caótico. ¿Qué digo algo caótico? Peor que en Miami, que ya es mucho decir...

Donde no existe caos alguno es en la comida, puesto que cada cosa que probé...¡era ordenada y exquisita en todas sus formas! ¡Mmmmmm!, sin mencionar lo barato que te sale, que eso hace que el sabor hasta se multiplique.

A pesar de sólo haber estado 48 horas, me fui con la sensación de haber captado la esencia de Quito, la cual es ciudad Patrimonio de la Humanidad desde el año 2000.

Después de pasear por Quito y sus calles coloniales y haber subido en el Teleférico de Quito, desde donde se ve casi toda esta ciudad de más de dos millones de habitantes, visité La Mitad del mundo. Este es un monumento que se encuentra a unos 30 kilómetros al norte, por donde pasa el mismísimo ecuador del planeta, separando el hemisferio Norte del hemisferio Sur con una elegante línea amarilla.

¡Muy divertido caminar sobre ella y hacer el pato como verás en el vídeo!

Al día siguiente dimos un giro de 180 grados ya que nos fuimos unos 90 kilómetros hacia el sur de Quito para visitar el Parque Nacional de Cotopaxi.

Ya saben que me gusta más un Parque Nacional que a un tonto un lápiz...¡jaja! Lo veo casi inconcebible no meter un parque nacional, natural, estatal o más que sea un bosque en cualquiera de mis viajes. Aunque hay ciudades muy bonitas y construcciones hechas por el hombre que te dejan con la boca abierta, es la naturaleza la que llama a cada molécula de mi cuerpo. Tengo el "complejo de John Muir". Un día de estos desapareceré y dejaré una nota que diga: "Las montañas me llamaron, así que me fui". (Lo siento John Muir, he tomado prestada una de tus frases más célebres) Y allí me encontrarán: en una cabañita de madera, mi jardín de flores silvestres con una tumbona para leer y tomar el sol y mi bosque como patio de recreo...

Uy, uy, uy, ¡que me voy por las ramas!

Volvemos a Quito...

En fin, el segundo día visitamos el Parque Nacional de Cotopaxi y el momento estelar fue la subida del volcán Cotopaxi. ¡¡Yeahhh!!

A ver, no subimos hasta la cima, ya que para eso hacen falta algunos días más de los que teníamos, pero logramos subir al refugio José Rivas que se encuentra a 4864 metros.

Para ello sorteamos vientos súper fuertes y congelados y una empinada subida (como "me gusta" a mí. No comment...).

Pero bueno, todo esfuerzo tiene su recompensa porque, ¿saben lo qué había al llegar al refugio? ¡Chocolate caliente! Bueno espera, como tenía la cara congelada y apenas podría gesticular palabra lo que dije fue lo siguiente: ¡¡Chacalata calianta!!

¡Uauuu!, ¡qué momentazo calentarse las manos y el alma con una taza de chocolate a la taza! Esos son los placeres de la vida que a mi me gustan. Donde estén cosas así, que se quite un Ferrari... (en serio)

Bueno, sin más dilación, te dejo aquí el vídeo. Esta vez apenas dura 8 minutillos. ¡Espero que os guste!

Me despido como siempre mirando el mundo con esa "mirada cuántica".

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Roman Romanenko