En el corazón de Carolina del Sur


El año pasado, durante el mes de agosto, se nos ocurrió la “genial idea” de hacer un road trip de 1250 km ida y 1250 km vuelta, desde Miami a Carolina del Norte en poco más de 48 horas. Sí, sí, has leído bien... ¡2500 km en dos días y pico!

¡Abufff!

¡Cómo dolió!

Sobre todo, salir de la Florida, la interminable península de Florida, con sus casi 650 km de largo…

¡¡¿¿Quíen me mandaría a mi!!??

¡¡Qué agonía!!

¡¡Nunca más!!

Para hacerlo aún más dramático (ya saben que me gusta el drama), hubo un momento crítico durante la primera noche del viaje en el que, dado lo tarde que era, lo cansados que estábamos de conducir y que no encontrábamos un motel de carretera lo suficientemente cercano para aguantar despiertos, no nos quedó más remedio que dormir en la parte trasera de la camioneta. ¡OMG!

Pasamos la noche al raso, sin techo sobre nuestras cabezas, sin mantas ni nada, en un área de descanso, rodeados de camioneros con sus ruidosos camiones en marcha.

Imagínense las imágenes de películas de terror americanas que me vinieron a la cabeza mientras intentaba dormir en medio de todo aquello y con mis vaqueros y zapatos puestos y todo. ¿Dónde se fue todo ese glamour que me caracterizaba? (Si es que algún día lo tuve...) ¡jajaja! Si mi madre británica me pudiese ver... ¡¿Qué diría esa mujer?

Pero bueno, sobrevivimos. Bien es sabido que de todo lo “malo” se saca algo bueno y, en esta ocasión, fue el descubrimiento del Parque Nacional de Congaree, para el cual no estábamos preparados o, por lo menos, no pensábamos, ni de lejos, que nos fuera a gustar tanto.

Situado en el precioso estado de Carolina del Sur,

y con una extensión de 89 km2,

es la mayor extensión de bosque primario templado que queda en Estados Unidos.

En este bosque crecen exuberantes árboles de terrenos aluviales que están entre los más altos del este de Estados Unidos.

Es muy interesante ver como, para adaptarse a este medio pantanoso, los árboles han desarrollado una base de tronco mucho más ancha que el resto, para poder así agarrarse bien al terreno cubierto de agua.

El río Congaree fluye a través del parque, haciendo el ecosistema muy variado.

Es sorprendentemente cautivador. Sobre todo, porque no te esperas que una cosa así de bonita se encuentre a 30 minutos de la concurrida autopista i95.

La verdad que me gustó muchísimo y por ello, mereció la pena tantas horas de tortura al volante.

Debido a que nuestra visita fue a principios de agosto, siendo la época más calurosa del año, el agua del suelo del bosque se evaporaba y... ¡caminabas entre una niebla permanente y calentita!

¡Es una sensación espectacular!

Obviamente, ya que el bosque está casi anegado en su totalidad, caminas sobre pasarelas de madera que pegan con el ambiente.

Hay también senderos sin pasarelas, pero esos son para valientes con botas de agua y más...

Otra cosa que impacta de este místico lugar son los sonidos... ¡Es la naturaleza hablando alto y claro!

De entre todos los animales que te encuentras ahí, serpientes, pájaros carpinteros (por cierto, uau), búhos, lechuzas, pájaros, nutrias, etc, son dos especies concretamente las que dominan este bosque.

La primera son las miles y miles de ranas. Hay tantas, que en ocasiones su croar es ensordecedor.

¡Fascinante!

Y la otra como no, mis amigos los mosquitos.

Claro, es lógico. Aguas pantanosas + verano + calor = mosquitos para dar y regalar.

Los rangers del parque te avisan a la entrada con un simpático mosquitómetro que te indica cómo está la situación ese día...

Tuvimos suerte porque de 6 posibles escenarios, siendo el 6 "zona de guerra", marcaba un 3, así que, fue hasta agradable el paseo, porque logro recordar que apenas nos picaron un par de ellos...

La biodiversidad de este Parque Nacional es muy alta, siendo un santuario para muchas especies de animales, de entre las cuales hay muchísimas en peligro de extinción. Esta fue una de las razones principales por las que se declaró Parque Nacional en 2003. Además tiene el título de Reserva de la Biosfera, siendo también el hábitat natural de muchos científicos que realizan aquí numerosos estudios...

O sea que al final, resultó que este road trip ,que durante las horas iniciales no parecía ser una muy buena idea, resultó en un descubrimiento de una joya escondida, el Parque Nacional de Congaree en Carolina del Sur.

Así que ya sabes, si alguna vez te encuentras por estos lares, te recomiendo que le hagas una visitita.

Eso si, ni se te ocurra poner un pie en él si el mosquitómetro marca un 5 o un 6.

Viviendo en Miami, por experiencia, te digo que los mosquitos de aquí no son tan educados como los españoles. ¡Te acribillan sin contemplaciones! Te habla una que sufrió un ataque con más de 250 picaduras los primeros meses de mi llegada aquí, pero esa es otra historia que no voy a contar ahora...

Bueno, me despido esperando que te haya gustado este Post ...

Como siempre, mirando al mundo con esa "mirada cuántica".


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Roman Romanenko