¡Vete de acampada en América a las Rocky Mountains!

Casi en cada paso que di en mi visita a las famosas Rocky Mountains podía escuchar en mi cabeza las palabras del cómico español Goyo Jiménez:

-“A ver, ¡tú! (Señalando a uno en el público)

 ¿Te has ido de acampada alguna vez? ¿Has pasado miedo?

 ¿POR QUÉ?

¿Qué te va a atacar? ¿Una ardilla, un ratón, un topo?

¡¡¡Vete de acampada en América a las Rocky Mountains!!!

Montañas Rocosas, te lo explico, que no tienes ni idea de inglés.

¡Allí hay así de fieras, así!

¡¡Osos, pumas, lobos!! 

¡¡Osos, (se da cuenta que ha repetido osos),

grises y negros, que hay de todos los colores de osos!!

 

Mil y una veces he repetido ese monólogo en mi cabeza mientras hago senderismo por Estados Unidos, especialmente cuando estuve en Alaska en verano haciendo acampada libre en territorio Grizzly, pero esa es otra historia…

(Por cierto, he dejado ese monólogo al final del Post. Es brutal. Lo he visto tantas veces que me lo sé de memoria...)

 

Este lugar al que se refiere el gran Goyo Jiménez, las Rocky Mountains, es una cordillera montañosa que atraviesa gran parte de Estados Unidos, con una longitud total de aproximadamente 5.000 kilómetros y, solo en Estados Unidos, recorren más de 3.000 kilómetros, ocupando buena parte de los Estados de Montana, Idaho, Wyoming, Utah, Colorado y Nuevo México. 

Mi visita fue concretamente a la parte que está en  Colorado, donde se encuentra el Parque Nacional de las Rocky Mountains (Montañas Rocosas). 

En este parque no hay tantas fieras como pinta Goyo, pero en general sí, definitivamente hay que tener cuidado con los  osos. El cuidado no hay solo que tenerlo con los animales. Allí, bien es sabido que, cuando se alcanza la tundra alpina, en la que no hay vegetación alguna y no tienes donde resguardarte en caso de una tormenta eléctrica, el riesgo es máximo, ya que es tu propio cuerpo el que actuaría de pararrayos. Da un poco de yuyu ir caminando por un sendero y de repente ver un cartel que te avisa que los árboles se terminan y estás en riesgo de muerte si te pilla una tormenta... En fin, "moving on" ¡jaja!

Además, la zona de acampada se sitúa a unos 3000 metros y otra dificultad es la de respirar, ya que hay menos oxígeno de lo normal. Es más, en los supermercados se venden botes de oxígeno puro para llevarse a alguna de las rutas.

Por todas estas razones, hay que tener solo un poquitito más de precaución a la hora de acampar y hacer senderismo aquí.

 

¿Qué puedo decir de esta famosa cordillera? Pues la verdad, voy a usar una palabra que "nunca" uso:

 

Increíble. ¡jaja!

 

Como ocurre casi siempre en la naturaleza, la belleza suele ser proporcional al cambio de altitud.

Normalmente, cuanto más tengas que sufrir para llegar a la cima, mejores son las vistas que te esperan para maravillarte, o por lo menos, tu cuerpo lo siente así.

 

En este viaje, hicimos 3 días de senderismo y, a pesar de estar en el mismo lugar, nada tuvo que ver un día con el otro.

 

El primer día hicimos una ruta llamada Four Lakes Loop hasta llegar al lago Emerald.

Era una ruta facililla, ya que no era muy larga -unos 9 km-, y una diferencia de altitud de unos 300 metros.

¡Perfecto para romper el hielo, entrar en sintonía con el lugar y de paso, acostumbrarse un poco a la menor cantidad de oxígeno!

 

Lo mejor de esta ruta en particular, fue ver cómo las flores se abrían paso tímidamente debido a los  deshielos y, también, la fauna -no peligrosa- que encontramos por el camino: ardillas, ciervos, marmotas..

 

Bueno, con lo de “fauna no peligrosa” he mentido, porque nos encontramos también con el animal que más muertes provoca al año mundialmente.

Al inicio de la ruta pasamos por un lago PRE-CI-O-SO pero, vacío, totalmente vacío.

 

¿Y por qué vacío?

Pues porque los que habitaban allí no eran, que digamos, apetecibles para uno gastar su tiempo con ellos…

¡Mosquitos!

¡Miles, miles y miles!

El belga sacando fotos con la calma que le caracteriza… Que si trípode por aquí, que si abro más el sensor por allá, y yo mientras tanto, con la espada fuera intentando defenderme de esos cabrones. Que como bien decía Leo Harlem en uno de sus monólogos, en América los mosquitos te quitan el bote de spray anti-mosquitos y ¡lo usan como desodorante! ¡Jajaja!

El belga flipando con el lago, y yo le miraba y le decía con “tono amoroso”:

-Sí, sí, precioso, pero…¡vámonos “jo puta”! Que tú, tienes un no se qué que los repele y los atrae directamente hacia mí.  

Él se reía, pero al final salimos de aquel lago como alma que lleva al diablo (como decía mi padre).

Aquí el Lago Emerald que era el final del sendero. Una vez allí, vimos como unos locos se tiraban en las aguas heladas... ¡Hay gente pa´tó! ¡jaja!

Al día siguiente, cambiamos de paisaje totalmente. Hicimos una ruta que demandaba mucho más, por ser más larga y empinada. Era una ruta que nos llevaba por parte de la tundra alpina.

 

Pequeño inciso científico: Si recuerdas de tus clases de Biología y Geología, la tundra alpina, que significa llanura sin árboles o tierra infértil, se caracteriza por eso mismo: un terreno que, debido a su altura, baja temperatura y escasas precipitaciones, no es capaz de albergar árboles grandes y se limita a tener arbustos, musgos y líquenes. También está lleno de marmotas, que hibernan la mayor parte del año. De hecho, en esta época del año es cuando ves cientos y cientos de marmotas intentando comer, recoger comida y aparearse en un lapso de apenas tres meses.

 

¡Menudo estrés! ¡Pobrecicas!

Al subir, a parte de oírlas por todas partes -un sonido súper agudo y taladrador- se pueden ver los túneles excavados al margen de los senderos, que llevan a sus madrigueras.

 

En fin, os cuento qué fue lo que pasó durante esta ruta. Resulta que justo el día anterior, el ranger del parque, mientras nos explicaba un poco cómo eran los distintos senderos que íbamos a hacer, nos dice que la mayor parte de la ruta que haríamos mañana se hacía a más 3500 metros, lo que significaba, que no habría ni un árbol para resguardarse en caso de una posible tormenta.

 

Recuerdo que nos dijo textualmente: "El tiempo en alta montaña es impredecible, por lo que si ven que de repente se empieza a desarrollar una tormenta, vuelvan en seguida!! TODOS LOS AÑOS MUERE GENTE ALLÁ ARRIBA PORQUE LES COGE UN RAYO. TODOS LOS AÑOS SIN EXCEPCIÓN!!!!
Yo pensé: "Whaaat??", mientras las palabras "sin excepción" rebotaban una y otra vez en mi cabeza. 😱😱
Sin excepción, sin excepción, sin excepción, sin excepcioooón...

 

En fin, ese día empezó súper soleado y comenzamos el ascenso.

Costó, pero las vistas eran… ¡IMPRESIONANTES! 

Miren esta foto en la que parezco Heidi en la pradera...¡Uauu!!!

Estuvimos subiendo unas cuatro horas a piñón hasta que nos tuvimos que parar por sufrir un poco de mal de altura: dolor de cabeza, mareo, ect. Miren en la siguiente foto como el Sol poco a poco va brillando menos y las capas que llevamos encima van incrementando...


En ese punto, había mucha gente parada y se empezaron a ver caras de preocupación. Se acercaba un nubarrón imponente. Para llegar a la cima nos quedaba como media milla, unos 40 minutos. Muchos decidieron bajar, y otros muchos como nosotros, decidimos seguir porque el nubarrón estaba estático. 
20 minutos después…

¡¡cambió todo!! 

 
De repente miro para la cima que estaba como a 20 minutos y, ¡escucho el primer trueno!⚡

Mi

alma

gritó: 

"¡¡MIERRRRRDAAAAA!!".

El nubarrón se había hecho más grande y estaba justo encima de la cima. En ese momento, miro a mi alrededor y no había ni un americano.

Yo pensé: "Ay ay ay, esto no es buena señal. Todos los americanos han bajado y aquí sólo estamos los turistas."

En mi cabeza retumbaban las palabras del ranger, hasta con eco, ¡jaja!. "Todos los años sin excepción mueren personas en la montaña partidas por rayos". 😱😱😱 ¡Socorro!
¡Así que empezamos todos a bajar aquella montaña como alma que lleva el diablo!
¡EN MI VIDA HABÍA CAMINADO TAN DEPRISA! Casi 40º de desnivel y yo bajando por ahí pa´bajo como si no hubiese un mañana. 

 

Ahora parece gracioso, pero estuve a punto de llorar por los nervios que tenía encima. Quedaba una hora y media a la intemperie sin NADA bajo lo que resguardarse, así que tenía motivos de sobra para estar preocupada. Cada trueno que oía me hacía estar más desesperada. La hora y media más larga de mi vida.

Mientras bajaba yo pensaba: "Joder, no me digas que no voy a estar en la estadística de gente que le toca la lotería, pero sí en la de gente que muere partida por un rayo. ¡¡Chiquita pringada que soy!!"

 

En fin, gracias a la física y al uso de las ecuaciones de la cinemática, ¡jajaja!, logramos averiguar que la tormenta estaba a 1 km y parecía que se alejaba. Tendría que cambiar muchísimo el viento para que nos cogiera antes de llegar a la zona arbolada, así que me empecé a tranquilizar.

Inciso científico: Supongo que ya sabes cómo averiguar si una tormenta se acerca o se aleja. Cuentas los segundos entre relámpago y trueno, y si el siguiente tarda más, es que se aleja.

Pero si ya quieres ser más freaky y calcular la distancia a la que está la tormenta, te lo recuerdo por si se te ha olvidado. Ves el rayo, cuentas los segundos que tarda en escucharse el trueno. Supón que son 2 segundos. Como la velocidad del sonido en aire es de 340 m/s. se puede calcular la distancia, multiplicando la velocidad por el tiempo: d= 340 m/s x 2 s= 680 m. En este caso, la tormenta estaría a casi 700 metros… ji ji

 

A pesar del miedo que pasé y de los truenos que se oían, tuvimos suerte y no nos cogió la tormenta. No hicimos cima, pero podemos contarlo. Llegamos sanos y salvos a la zona arbolada y respiramos tranquilos. ¡Abuuuffff!

 

El tercer día hicimos la ruta más dura. Nos sorprendió porque fue una ruta bastante concurrida, cosa que no suele ocurrir cuando son muchos kilómetros con mucho desnivel. Cada paso costaba más que el anterior, porque además de ser empinadillo, iba disminuyendo la cantidad de oxígeno. Además, venían ráfagas de viento de vez en cuanto que te helaba la piel.

 

Esta vez se trataba de llegar a un lago que está a unos 4000 m.

La ruta de nuevo era preciosísima. Por el camino, como el día anterior, vimos ardillas y marmotas por todas partes, además de una variedad de flores silvestres que, uau.

 

Esta vez, de nuevo, yo no llegaría a la cima. ¡Qué pringada! 😅

 

Cuando quedaba como un kilómetro para llegar, nos encontramos con un paso de nieve. Era un estrecho de unos 100 m. En el sendero, apenas cabían los dos pies, y la caída a la izquierda era enorme y de unos 45º.  Te caes por ahí y ¡¡no lo cuentas!!

 

Me propuse intentar pasar a pesar de lo acojonada que estaba.
Pero al pisar la nieve, vi que el pie se me resbalaba. Apenas avancé unos dos metros, cuando el pavor se apoderó de mi cuerpo y me quedé bloqueada. 


¡¡NO PODÍA!! ¡¡NI PA´LANTE, NI PATRÁS!! ¡¡S.O.S.!!


Intenté darme la vuelta y tampoco.
Ahí estaba yo, -la torpe de la montaña- intentando moverse sin hacerlo y luego otros con una naturalidad innata... 

 

 

El pensamiento de poder resbalar -cosa bastante probable- se apoderaba de mi cuerpo.
De repente le dije al Belga: "¡¡No puedo!! Me doy la vuelta!!".

Así que, con mucho esfuerzo, logré darme la vuelta y engarapiñarme de nuevo a las rocas. 


Como el Belga logró pasar, mandó un mensajero que volvía y al llegar donde yo estaba me dice en inglés con su acento marcadísimo indio: "Jonathan says that he will be back in like 45 minutes!" Todos los cobardes que estaban allí esperando conmigo se descojonaron.

 

Y nada, allí me quedé esperando como una hora...

 

Yo sé que eso de "Mal de muchos, consuelo de tontos", pero hubo muchos otros que tampoco pudieron, así que me quedo un poco más tranquila.

Al igual que el día anterior, la montaña pudo de nuevo conmigo, así que el marcador queda:

 

Montañas Rocosas: 2
Claudia: 0

 

Después de esto, volveré, porque quiero el partido de vuelta. ¡jaja!

 

Pero bueno, a pesar de ello, disfruté cada segundo y lo que vi me dejó de nuevo sin palabras.

 

También hay que decir que esto ocurrió hace ya año y medio y, desde entonces, mucho ha cambiado. 

He aprendido que el miedo no tiene por qué ser sinónimo de peligro. Muchas veces, ese miedo intrínseco con el que muchos nacemos, nos hace pensar que algo es muy peligroso, haciendo que nos bloqueemos y no seamos capaces de tener en la cabeza un pensamiento distinto al de "¿y si me pasa lo peor?". Este es el "¿y si? que hace que retrocedamos en muchos planes de la vida.

 

Gracias a experiencias como ascender por el resbaladizo hielo sobre glaciares, aprendiendo a usar bastones y crampones, y una intensa reflexión personal acerca de cómo manejar ese miedo que no es tan real como parece inicialmente, sé que si volviera a las Montañas Rocosas y me encontrara con este paso de nieve, lo cruzaría.

 

Y creo que en eso mismo consiste la vida, ¿no?

Experimentar (usando siempre el método ensayo-error),

aprender y

evolucionar

 

La verdad que la naturaleza e inmensidad de este país es increíble y me siento súper afortunada de explorar estos míticos lugares, y siempre intentando retar al miedo hasta que quede reducido a su mínima expresión.

 

Me despido, esperando que os haya gustado este dramático Post, ¡jaja!

 

Como siempre, mirando al mundo con esa “mirada cuántica”.

 

                                                                                                                            Fotos: Jonathan Teixeira Salema (IG: tex_jts)

 

 

 

 

 

 

Share on Facebook
Share on Twitter
Please reload

  • Instagram - Círculo Blanco
  • Facebook - círculo blanco

Roman Romanenko