El espejo del planeta

¿Alguna vez has sentido que lo que tienes delante es tan bonito que tus ojos no lo pueden procesar?

A veces pasa cuando estás profundamente enamorado y miras a ese alguien especial.

Da igual que no sea la persona más bella del planeta, a ti te lo parece.

Quizás se trate de una belleza subjetiva, pero, aun así, belleza.

 

A veces, eso también puede pasar con un simple paisaje.

Quizás se trate de una belleza algo más objetiva,

sin los efectos de la dopamina y la serotonina que,

en algunas ocasiones, nublan tu juicio,

pero también es belleza.

 

Afortunadamente, a mí me ha pasado con ambos.

 

Y el último, hace sólo unos días con una inesperada visita al Salar de Uyuni,

el salar más grande del planeta,

cuyas dimensiones te dejan sin habla.

 

Un lugar donde no sabes dónde termina la tierra y empieza el cielo.

Lo llaman, el espejo del planeta,

y… ¡con mucha razón!

 

 

Dicen que las mejores cosas de la vida no se planean, sino que vienen solas.

 

Pues esta expedición al salar de Uyuni fue un poquito así.

 

Estuve una semana visitando el desierto de Atacama en Chile (precioso también, por cierto) y como objetivo, nos habíamos planteado subir un volcán de 5.800 metros de altura, el último o penúltimo día.

Pero, ¿qué pasó?

¿por qué no me atreví cuan gallina atemorizada?

Bueno, no es que no me atreviera, sino que la altura estaba haciendo estragos y mi cuerpo no se acostumbraba. Debido a la baja presión atmosférica y por ello, la falta de oxígeno, tuve continuos dolores de cabeza y mareos, mientras hacíamos excursiones a aproximadamente 4.200 metros.

Y claro, imagínate entonces tener que hacer el esfuerzo de subir hasta 5.800 m, sin apenas oxígeno, frío y con mal cuerpo. Como que el plan no apetecía... 

 

Entonces se nos ocurrió el....¡¡¡Plan B!!!

 

¿Nos vamos a Bolivia en 4x4 cruzando 500 km por el paso de Los Andes a visitar el Salar de Uyuni?

¡¡¡Mmmmmm!!!

Ñam, ñam, ¡qué apetecible!

Al escuchar esto, se me caía la baba y claro, ya daba lo mismo que me curara del mal del altura, lo tenía ya entre ceja y ceja así que...

¡para allá que fuimos! ¡jaja!

 

¡Y menudo acierto!

 

Ya sólo con la aventura de cruzar de Chile a Bolivia en 4x4 y pasar la aduana en medio de Los Andes, ¡ya merece la pena! Y cuando digo "aduana", digo un container de metal en medio de la nada, con conos en la carretera, los cuales se quitan cuando te sellan el pasaporte. ¡jaja! ¡Auténtico!

 

Después de unas 6 horas por carretera de tierra, llegamos a esta maravilla...

 

 

Con una dimensión incomprensible para el ser humano, 10.500 kilómetros cuadrados, el Salar de Uyuni, localizado en el suroeste de Bolivia, a 3.500 metros de altura, en las llanuras altiplánicas de la Cordillera de Los Andes, se corona como el salar continuo más grande del mundo.

 

Digo `incomprensible para el ser humano`, porque llega un momento en el que, para nuestro ojo,     2.000 km2 o 10.000 km2 son superficies indiscernibles, más que nada porque apenas logramos alcanzar a ver unos pocos kilómetros cuadrados, muy lejos de los miles del salar, especialmente si no hay relieve.

 

En términos evolutivos, dicen que el ojo de los seres vivos es el órgano más sofisticado de la naturaleza, pero el pobre, tiene sus limitaciones. Especialmente el nuestro, que tuvo que volver a "reinventarse" cuando la vida salió del agua, pasando de medio acuoso a aire... (Problemas que nos trajo el evolucionar...¡jaja!)

En resumen, mires en la dirección que mires, ¡no ves donde termina la extensión que tienes delante y es difícil hacerse a la idea de cuán grande es!

 

Mira este video filmado desde el 4x4 en la zona seca del salar... ¡Apoteósica entrada!

 

Yo sabía lo grande que era el salar, pero a pesar de saberlo, uno nunca llega a entender esas dimensiones tan apoteósicas.

De hecho, al llegar me ocurrió una pequeña anécdota que me hizo quedar como un zapato, ¡jaja!

Alcancé a ver a lo lejos, lo que parecía ser la isla que debía estar aproximadamente en el centro del salar y le pregunté al entrañable Don Félix  -señor boliviano que nos había llevado allí en su 4x4-, si esa era la isla.

Exaltado y ,con tono dramático, (como a mí me gusta que sea la gente…jaja) me dice:

-“¿¿Qué vaaaaa!! ¡¡Para ver esa isla, tienes que coger el coche y conducir 90 km por la llanura del salar en aquella dirección hasta que te la encuentras!!

 

Whaaaaaaat???!!!

 

Fue entonces cuando mi pequeño cerebro de Homo Sapiens empezó a entender las dimensiones de aquello. Empecé a hacer comparaciones en mi cabeza, dándome cuenta de que mi querida isla, La Palma, que la pobre tiene 80 km de norte a sur, era más pequeña que la distancia a aquella isla en medio del salar.

Se me descuadraron los esquemas y fue cuando me di cuenta del bestial tamaño de aquel lugar.

 

Para que te hagas una idea de lo grande que es, ya que, sin sistema de referencia, uno nunca sabe, te dejo aquí una imagen satélite de la parte Oeste de Sud América con el Salar de Uyuni en blanco…

¿A que es brutal?

Para que mis canarios puedan hacerse una idea, ¡caben unas 16 islas de Tenerife dentro de este salar! ¡Agüita! 

 

Vale, ¿y qué es un salar?

Pues un salar es una gran acumulación de sales formada por la evaporación de lo que un día fue un lago. Este concretamente, fue un lago hace unos 40.000 años.

Poco a poco, debido a épocas no tan húmedas y no con tantas lluvias, la evaporación empezó a ir más deprisa que la acumulación de aguas, formándose así una gran extensión de sales.

 

Este salar tiene zonas completamente secas, formadas por cristales de cloruro sódico, cloruro magnésico, cloruro de litio, etc, que más que cristales, parecen extensiones de nieve increíblemente planas. Por ello, en estas zonas puedes caminar, conducir a gran velocidad o hacer el bobo como yo, dejando la cámara en el suelo para hacerte esta "foto artística"...

(Mejor me dedico a la ciencia, porque creo que lo que es el arte...escasita, escasita! ¡jaja!)

 

 

Luego hay otras zonas ligeramente anegadas con agua de lluvia, apenas unos centímetros, por los que también puedes caminar y conducir, pero a una velocidad algo más moderada.

(Lo de la cámara en el suelo aquí, va a ser que no ¡jaja! Mejor poner una pose de "mujer poderosa que camina sobre el agua"! ¡jaja!)

 

No sé qué tiene este salar, pero todo el mundo siente unas inmensas ganas de hacer el bobo, ¡jaja! (¡Saben que lo digo con cariño chicos!) Aquí, mis dos amigos chilenos, Javier y Carolina, recreando famosas escenas de Dragon Ball!

¡Bravo! ¡Cómo me gusta la gente así, tan feliz e ilusionada por estas pequeñas cosas de la vida!

 

Bueno, después de haber demostrado que dentro, llevo una niña que sale muy a menudo, ahora toca hablar un poquito de la ciencia que tiene este lugar tan bonito.

 

El Salar de Uyuni está formado por sales de potasio, magnesio, sodio, boro y litio.

 

En esta imagen podemos ver cómo están empezando a formarse cristales, probablemente de cloruro sódico, ya que es el más habitual. Además, si te acercas, se observa fácilmente su forma cúbica.

(El NaCl cristaliza formando una red cúbica centrada en las caras (f.c.c.), donde los iones sodio y los iones cloruro están dispuestos de forma alternada)

 

Por su alto contenido en Litio, el Salar de Uyuni se considera una mina de “oro”, puesto que aquí se encuentra aproximadamente el 70% de las reservas mundiales de litio.

¡Ayyyy, el litio, ese elemento químico que se usa desde intentar curar la locura de algunos, hasta la fabricación de las ligeras y eficientes baterías de litio, que todos nuestros preciados dispositivos del siglo XXI usan! 

                   Si recuerdan algo de las maravillosas y espectaculares clases de química del instituto, una batería de litio de un teléfono, por ejemplo, sufre una reacción redox, en la que el litio se oxida, desprendiendo electrones, que van a usarse para mantener el teléfono encendido y funcionando. 

Al gastarse la batería, enchufamos el teléfono a la corriente y provocamos la reacción inversa, es decir, la reducción del litio, donde al atrapar los electrones de la corriente eléctrica, se vuelve a reducir al producto de partida.

Este es el perfecto ejemplo que se da siempre para demostrar que la energía ni se crea, ni se destruye, únicamente se trasforma. En este caso, la energía química de la batería se transforma en energía eléctrica (electrones) que usamos cuando el teléfono está encendido y, de energía eléctrica a química cuando cargamos la batería usando la corriente eléctrica.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A día de hoy, del salar se extraen cantidades modestas de sal, pero digamos que aún no se han explotado de forma seria. El día que lo hagan, me temo que el salar dejará de ser lo que es... 

 

El Salar de Uyuni es también el hogar de una bacteria llamada Bacillus megaterium uyuni S29. Esta bacteria fue descubierta por científicos españoles en 2013 y, se cree, que es especialmente prolífica en la generación de polímeros, que serían la clave en la fabricación de plásticos biodegradables y no tóxicos para el ser humano. ¡Vaya, vaya con la bacteria uyuni! (¡Uyunita la llamo yo! ¡jaja!)

Estas bacterias se encuentran en los ojos del salar, que no son sino unas chimeneas subterráneas llenas de agua, de las que se ven salir burbujas de SO2, creadas por estas bacterias el oxidar azufre a dióxido de azufre.

 

A parte de estas cositas que son las que a mí me gustan y de las que sé alguito, y si no, me documento,  siempre me quedo sorprendida por las cosas que se aprenden en cada viaje. Porque en cada viaje se aprenden mogollón de cosas...

 

Mi padre, gran sabio, siempre me solía decir que la mundología era el conocimiento que una persona adquiría por el hecho de viajar. Decía que era la mejor de las escuelas.

¡Y cuánta razón tenía el hombre!

 

Esta vez, una de las cosas que me encantó aprender, y qué casualidad que tenga que ver con ciencia, ¡jaja! es que este lugar es tan grande y tan plano, que la NASA lo usa para calibrar los satélites y probar sus sensores.

¡Uau!  ¡Qué listos son estos de la NASA! Haber pensado en este lugar para usar de referencia a la hora de poder medir alturas y, otras magnitudes, usando los satélites!

 

Visto lo visto, vamos a tener que agradecerle al Salar de Uyuni que nuestros teléfonos tengan GPS y también, algún día, batería, si es que se deciden a explotarlo.. Ojalá que no, porque la belleza del lugar no tiene igual.

 

Otra cosa que el viajar aporta, además de conocimiento, o mundología como lo llamaba mi padre, es la suerte de poder conocer personas de todos los rincones del planeta

 

En esta expedición de dos días a Bolivia, tuvimos la suerte de coincidir con un grupo de personas muy variado e interesante.

¡El grupo era muy internacional! Éramos dos chilenos, un brasileño, una alemana, una suiza, una austriaca, un belga y una española y, la verdad, que a pesar de venir de lugares muy distintos y tener culturas diferentes, enseguida hicimos un "click" especial y aprendimos muchos los unos de los otros. (¡Por lo menos yo, chicos!).

Esta visita al salar se vio enriquecida por vosotros.

Con lo que todos coincidíamos, sin lugar a dudas, era que el salar había sido de lo más bello que jamás habíamos visto, sino, lo más.

 

 

De izquierda a derecha, estamos Sarah, Jonathan, yo (Claudia), Tina, Javier, Carolina, Julian y Emmanuelle. Un placer haberos conocido chicos y haber compartido estos momentos.

 

Y para terminar, como terminan todos los días, lo haré con una puesta de Sol...

Una puesta de Sol, por lo general, siempre es bonita, estés donde estés. Los colores siempre son muy llamativos, pero en un lugar como este, se hace doblemente especial.

 

Nunca había tenido la suerte de ver una puesta de Sol con dos cielos y, mientras ocurría, no podía dejar de pensar que quizás sería la primera y la última vez que mis ojos verían esto.

Sé que suena dramático, pero Uyuni no es precisamente un lugar que quede de paso...

Así que, te digo de todo corazón, que si alguna vez tienes la oportunidad de visitar este bellísimo lugar, no dejes de hacerlo. Y si puede ser con ese alguien especial, mejor. Así podrás apreciar los dos tipos de bellezas: ¡las subjetivas y las objetivas!

 

Recuerda que la felicidad sólo es real cuando es compartida.

 

 

 

Me despido por hoy, como siempre, mirando al mundo con esa “mirada cuántica”.

 

¡Hasta la próxima conexión!

 

PD: Os dejo una de mis citas favoritas: "Those who dwell among the beauties and mysteries of the Earth are never alone or weary of life".

- Rachel Carson

 

 

 

 

 

 

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Roman Romanenko