Mi historia con Stephen Hawking

En este Blog dije que iba a escribir sobre viajes,

viajes que hago por el mundo y la ciencia que me voy encontrando en ellos,

pero,

se nos ha ido un grande,

el gran Stephen Hawking.

¡Qué menos que dedicarle el Post del mes de marzo! ¿No crees?

Mes en el que decidió dejarnos

y justo en el día de mi cumpleaños (vaya suerte la mía)

Bueno, pensándolo bien,

gracias a él hemos viajado mucho por el universo,

llegando hasta los confines teóricos de la física,

mirando dentro de agujeros negros

y viendo cómo se evaporan hasta convertirse en nada.

Así que sí, este Post creo que en cierto modo sí va de viajes,

viajes utilizando la imaginación,

a veces, el mejor transporte,

a veces, el único transporte.

 

Mi querido Stephen:

Con todo mi corazón, te dedico un Post en mi Blog, aunque sea algo insignificante, es buenamente lo único que puedo darte.

Con esto quiero que la gente sepa nuestra historia…

 

“Mi historia” con Stephen empieza cuando apenas tenía 11 años, allá por 1994.

La casa en la que crecí, la casa de mis padres, siempre se caracterizó por estar llena de libros.

¡Hasta en la cocina había!

 

Era la típica casa a la que entrabas y te dabas cuenta de que no estabas en una de las casas que solían haber por aquellos lares. Padre español y madre inglesa, mi casa era una mezcla extraña de las cosas de ambas culturas. Lo mismo te encontrabas con un cuadro con publicidad antigua, anunciando una corrida de toros en la Monumental, como uno con los escudos de los apellidos ingleses de la familia.

 

Dentro de todo este popurrí de las dos culturas, había una estantería llena de libros, mayormente en inglés. Un día curioseando encontré un libro llamado “Stephen Hawking: A life in Science escrito por Michael White y John Gribbin.

No voy a intentar hacerme la interesante y decir que lo leí teniendo 11 años. Lo reconozco, lo cogí porque su color rojo me llamó la atención, pero no lo leí en ese entonces. Allí de pie, mirando la portada, vi un señor de aspecto extraño medio retorcido en una silla de ruedas. Eso sí, con una especie de sonrisa tranquilizadora. 

En ese momento vino mi madre y me dijo: -“¡Stephen Hawking es una eminencia Claudia! Es un científico muy importante de mi país y tiene ELA.  Apenas puede moverse, pero su cerebro es de otro mundo”.

 

Mi madre compró ese libro porque le encantan las biografías, porque lo que a ciencia se refiere, toda mi familia se ha decantado más por las letras. De hecho, recuerdo un poquito de frustración en mi infancia, porque como buena científica, ya era muy curiosa de pequeña. Cuando le hacía alguna pregunta a mi madre sobre ciencia, ella siempre contestaba –“Eso es ciencia Claudia. Te puedo enseñar como tejer un jersey, pero no te puedo explicar cómo vuela un avión.”- (Mama, perdóname, pero sabes que es cierto.)

Y esto era así con todas las preguntas que le hacía.

Yo creo que esa fue la razón por la que acabé metiéndome de lleno con aquella cosa llamada Ciencia, que parecía tener todas las respuestas. ¡Ja ja ja!

 

En fin, que me voy por las ramas…

 

Para encontrar todas esas respuestas que no me fueron contestadas de pequeña, me embarqué a estudiar Química y hacer, a la ciencia en general, parte de mi día a día. Es aquí por supuesto, donde vuelve a entrar a mi vida mi querido Stephen.

Bien es sabido que Stephen Hawking es, quiero decir, fue, (no me acostumbro…) un científico de fama internacional. Sus difíciles teorías iban quizás de la mano con sus mediáticas apariciones públicas y su lucha encarnizada por la vida. Era increíble mirarle y ver cómo desafiaba a su enfermedad de esa manera.

 

Nunca se supo cómo era posible que viviera tantos años. A los 21 años se le dijo que viviría unos dos años más y aquí le tuvimos, por suerte, hasta sus 76.

Los médicos aún no se lo explican.

Mi hipótesis era que su cerebro sostenía su cuerpo entero. ¿Cómo un cerebro tan poderoso como ese va a dejar que, el hecho de no poder moverse, le haga apagarse como si nada?

 

Durante mis años de universidad y años posteriores, le leí mucho. Recuerdo cuando leí “Breve historia del tiempo” por primera vez. Lo reconozco, sólo entendí un 40% del libro, y que se atreva algún ser humano corriente a decir lo contrario (excluyendo a los físicos teóricos o similares, claro ¡jaja!). Me lo volví a leer y así unas cuatro veces. Es denso, pero al mismo tiempo, hermoso. A medida que iban saliendo más de sus obras como  “El universo en una cáscara de nuez” o “El gran diseño”, siempre me los compraba, los leía y, orgullosa, los colocaba en mi estantería de libros favoritos. 

 

(Lo sé, también está la Saga Crepúsculo en la estantería, pero, ¿qué le voy a hacer? Cosas de una veinteañera con complejo de adolescente... ¡jajaja!) 

 

Hasta aquí, todo normal. Una relación de amor y admiración a la distancia. Stephen y yo éramos dos desconocidos. Más bien, yo era la desconocida para él, porque él bien presente en mi vida que estuvo siempre.

 

¡Pero las cosas cambiaron a mejor!

 

Érase una vez un maravilloso congreso de Ciencia, arte y música llamado “Starmus”, celebrado en una isla perdida en el Atlántico llamada Tenerife.

Digo “perdida en el Atlántico” para hacerlo más poético, pero de perdida nada. Tenerife está perfectamente localizada dentro de un archipiélago llamado Canarias, al Oeste de la costa africana, a la altura de Marruecos y Sáhara del Oeste.

Este archipiélago es considerado un paraíso, ya que todas sus islas gozan de una primavera perpetua con temperaturas suaves que giran siempre en torno a los 24ºC. Estas islas son un reclamo turístico desde los años 70. Sus playas, Parques Nacionales, volcanes, espacios naturales protegidos, flora y fauna endémicas, buen tiempo y sus amables gentes, son un dulce al que muchos no se resisten, entre ellos, nuestro querido Stephen Hawking.

 

Pero más allá de todo lo mencionado, Canarias tienen fama mundial dentro del mundo de la ciencia, por el Instituto de Astrofísica de Canarias, el IAC. Este cuenta con los observatorios astrofísicos de “El Roque de los muchachos” en la isla de La Palma, de donde vengo e isla que alberga actualmente el telescopio infrarrojo más grande del mundo, el Grantecan (primera foto abajo) y el observatorio tinerfeño situado en Izaña, a las faldas del padre Teide, un majestuoso volcán de 3718 metros, que ahora mismo se encuentra durmiendo. (Segunda foto)

 

 

 

Por todas estas razones fue por las que Stephen Hawking visitó nuestro archipiélago hasta en cuatro ocasiones y quedó enamorado del mismo.

 

El Starmus es un festival único en el mundo que junta lo mejor de la ciencia y lo mejor del arte para hacer una fusión que pone la piel de gallina.

Los organizadores de tal evento, Garik Israelian (astrofísico del IAC) y Brian May (guitarrista de la famosa banda Queen, astrofísico y enamorado de Tenerife) se aseguraron de reunir a Premios Nobel de disciplinas científicas, cosmonautas, astronautas y músicos de renombre, para crear un evento sin igual, nunca hecho antes.

 

Me pasaría horas hablando del Starmus, pero no me dan las palabras para expresar lo especial que es este congreso. Si quieres saber y sentir lo que es, acude al próximo, sobre todo si eres un enamorado o enamorada de la ciencia. Aquí he sentido y vivido de los mejores momentos de mi vida.

 

En fin, Stephen Hawking formó parte de este congreso por primera vez, en su segunda edición, en el año 2014 y también en 2016, el cual fue tributo a él.

En ambas ocasiones, tuve el increíble placer de poder verle y escucharle en directo. Hasta cuatro distintas charlas tuve el gozo de escuchar, a penas a unos metritos de él y su silla. ¡Uauu!

 

Y la historia sucedió así:

 

Todo empezó allá por mayo de 2014 cuando recibí un mensaje de un amigo diciendo que el Profesor Hawking vendría a Tenerife.

Whaaaattttt????!!!

¡Yo no daba crédito!

¿Stephen Hawking viene a la isla donde vivo?

 

En seguida compré la entrada y esperé los cuatro meses hasta su comienzo. Mis pobres alumnos de aquella época sufriendo en silencio mi cuenta atrás ¡ja ja ja!

 

Estas son mis amigas Ana y Penélope junto a mí antes de empezar el Starmus 2014.

¡Qué caritas de felicidad! 

En este momento ni nuestros mejores pronósticos hubiesen presagiado lo que íbamos a vivir los siguientes cinco días...

 

El congreso empezó un lunes. A Stephen le tocaba hablar al día siguiente, así que sinceramente, no pensábamos que estaría ahí…

¡Pero sí!

A media tarde, entre dos charlas, el presentador dijo algo como: “Espero que estén disfrutando del evento. Por cierto, no sé si se han dado cuenta, pero el profesor Hawking está con nosotros entre el público”.

Miro a mi izquierda y…¡zasss! ¡Allí mismito que estaba como si nada! Intentando mezclarse en el público como uno más . Había entrado sigilosamente al auditorio cual pantera acechando a la presa.

“¿A quién pretendes engañar querido Stephen? Eres un átomo de carbono diamante entre simples átomos de carbono grafito. ¡Se te ve a kilómetros!”  Lo siento, ¡tenía que meter una broma de Química! ¡Jajaja! (Sin menospreciar a nadie. Ustedes me entienden...)

 

Ese mismo día, durante la pausa, esperé junto a la puerta por la que sabía que saldría de nuevo. Mi objetivo era intentar sacarme una “selfie” con él cuando saliera. Pero al verle salir y verle venir hacia mí, me entró una especie de sensación de vergüenza por intentar sacarme esa foto con él, así que no me moví, y preferí simplemente disfrutar del momento.

Cuando pasó a mi lado nos miramos y le dije: “Hello Stephen!”

Ahora que lo recuerdo y pienso que es inglés, con todo lo que ello conlleva en cuanto a normas de educación y protocolo, a lo mejor le pareció mal educado no decirle “Hello proffesor” o “Hello Mr Hawking”. ¡Ala!, yo ahí de bruta y campestre, ¡jaja! En fin, nervios, supongo.

 

Justo cuando pasó a mi lado, me llamó mi amiga Penélope, me di la vuelta y salió esta foto. Miren mi cara de felicidad. Este fue el primer día que le vi. El primero de muchos.

 

El martes era el día en el que Stephen Hawking hacía su ponencia. Debido a la alta demanda por ver al Profesor, ese día se cambió el lugar de celebración a un auditorio enorme. Los que al principio éramos sólo unos 400, se convirtieron en unos 2500.

 

Nunca olvidaré ese día. De los mejores que he vivido.

 

Todos los que estábamos allí estábamos nerviosos.

La prensa se había hecho eco de ello y los titulares decían cosas como: “Después de años sin aparecer, Hawking dará una ponencia en Starmus” o”¿Qué nos tiene que decir Stephen Hawking?”.

La expectación era máxima.

Medios de comunicación de todos los rincones del mundo y yo…¡yo no cabía en mí!

En fin, aquel histórico martes de septiembre del 2014, alguien subió al escenario y la ruidosa multitud se hizo silente.

El presentador dijo “Damas y caballeros, en unos instantes estará con nosotros el profesor Hawking”.

Se hizo el silencio absoluto.

Y cuando digo absoluto, digo que si hubieras cerrado los ojos e imaginado que allí había 5 personas en lugar de 2500, ¡te lo crees! Pasaron unos buenos 3 minutos, y allí no aparecía nadie, pero nosotros seguíamos callados, expectantes.

 

¡Dios mío, qué nerviosismo!

La emoción me corría por las venas.

¡No era sangre, era adrenalina pura!

Meses y meses esperando ese momento.

¿¡Qué digo meses!?

¡¡Mi vida entera!!

Y de repente…

¡¡¡¡Dios mío!!!!

Es que me emociono tanto que ni puedo escribirlo.

 

En una pantalla más que gigante, empiezan a verse unas imágenes de Stephen Hawking, entrelazadas con agujeros negros y galaxias y, al mismo tiempo, empieza a sonar un tema de metal llamado “Hole in the Sky” del grupo Atoma.

 

Pincha el video abajo, dale volumen e imagina esto por un segundo: 

 

¡¡¡Mientras ese increíble temazo sonaba a tope y se veían estas imágenes, Stephen Hawking hace acto de presencia por el medio del pasillo del auditorio desde la parte de atrás hasta el escenario!!!!

 

¡OMG, las lágrimas me las bebía!

No puedo expresar con palabras lo que sentí en ese momento.

Sin duda de los mejores momentos de mi vida.

Yo creo que nadie de los que estábamos allí esperábamos esa entrada a lo “rock star”.

¡¡Joder!! Y perdón por la palabra, pero es que él era así.

Este Stephen era especial. ¡De ahí su magia! ¡Qué tío!

Después de esa apoteósica entrada, claro, tocaba lo mejor:

 

¡¡¡¡escucharle!!!!

 

Yo ya no sabía ni cómo ponerme. El maquillaje lo tenía hecho un desastre de los lloros. Piel de gallina, buffff, ¡¡un largo etcétera de emociones!!

¿Su primera frase?

“Can you hear me?”

 

Todo el mundo gritó: YESSSSSS!!!

 

Ya nos tranquilizamos un poco y empezamos a escuchar con asombro y admiración esa peculiar voz robótica que hipnotiza.

Obviamente habló de su tema: los agujeros negros. Como siempre, entrelazó bromas y anécdotas que nos sacaban una carcajada y nos enseñaban que tendemos a quejarnos demasiado en el día a día. Eso al fin y al cabo, nos permite disfrutar menos de esas cosas pequeñas de la vida que marcan la felicidad. 

 

Aquí una imagen de una de las cuatro charlas que vi. (Y desde la segunda fila. Menuda suerte la mía...)

 

Después de disfrutar de esa increíble semana en 2014 donde, a parte de escuchar dos charlas de Stephen Hawking, y de científicos de la talla de Richard Dawkings, de astronautas de la época Apollo, como Charlie Duke -uno de los 12 seres humanos que ha pisado la Luna-, pensaba que nunca más volvería a disfrutar de un acontecimiento tan inigualable como este.

 

¡Cuánto me equivocaba!

 

El Starmus 2016 fue igual o mejor.

No sabría decidir.

De nuevo, me compré la entrada un año antes y esperé con ilusión. Esperé hasta el día antes del comienzo del congreso.

En la foto de abajo aparezco con dos de mis alumnos de 1º de Bachillerato del IES Adeje (Aarón y Laura) que vinieron conmigo (un instituto de Tenerife en el que daba clase en ese momento)

 

Era junio y estaba yo disfrutando de un día de playa cuando recibí un email...

Lo abrí.

Lo leí.

Lo volví a leer.

Grité.

Tiré el teléfono móvil a la arena.

Lo recogí.

Volví a leer el email.

Lloré.

¿Por qué?

¡HABÍA GANADO EL CONCURSO “PREGÚNTALE AL PROFESOR HAWKING” E IBA A CONOCERLE EN EL STARMUS 2016!

 

¡Imagínense la felicidad que inundó mi cuerpo!

 

Sin lugar a dudas, ese ha sido uno de los momentos más felices de mi vida.

 

Inmediatamente cogí el teléfono y como acto reflejo, quise llamar a mi querido padre para contárselo, hasta que recordé que había fallecido hacía sólo un mes… ¡Qué chasco!

Cómo es el ser humano, ¿verdad?

Un momento de felicidad tan inmensa y olvidas, por un momento, lo peor que te ha pasado en tu vida.

 En fin, volvamos a pensar en cosas bonitas…

 

El concurso era simple. Mandabas un email a la organización y si Stephen elegía tu pregunta, además de regalarte otra entrada, subías al escenario a conocerle.

Supe que se habían mandado miles de preguntas, un comité eligió las 30 mejores o algo así y, luego, el propio Stephen Hawking elegía sus tres favoritas…

 

¡Vaya honor que mi pregunta fuera una de las que él mismo eligiera!

 

Mi pregunta era: “Si hubiese vida inteligente fuera de este planeta y tuvieses la oportunidad de hablar con ellos, ¿qué te gustaría saber?”

 

Esto de conocer a Stephen pasaría el último día del congreso y aún tenía que transcurrir toda la semana. Esto hizo que quizás la disfrutara más aún, porque a pesar de escuchar de nuevo a científicos de renombre, astronautas, cosmonautas y disfrutar de fascinantes conciertos, sabía que de una forma u otra, yo formaría parte de la historia de este fascinante evento.

 

En fin, el día llegó y sólo puedo decir una cosa: Cuando me llamaron y subí a ese escenario, se paralizó el tiempo por un momento. No me lo creía. No acababa de entender cuán afortunada había sido al poder vivir eso.

Al subirme al escenario, Garik Israelian nos dijo que por problemas técnicos, Stephen Hawking no podría responder en ese momento a nuestras tres preguntas, pero que lo haría en un futuro próximo. Qué pena.

Yo me limité a pegarme a su silla y estar bien cerquita durante los minutos que estuve en el escenario.

 

 

Meses más tarde, escribí a la organización para saber si mi pregunta sería respondida algún día. Al contestar, dijeron que harían todo lo posible, pero que últimamente el profesor Hawking no se sentía muy bien y había estado saliendo y entrando del hospital con una frecuencia mayor de la deseada.

Por ello, al año volví a mandar otro email, pero como la respuesta fue la misma, sabía que no andaba muy bien de salud…

 

Por ello, cuando el 14 de marzo a las 00:30 de la noche me enteré de su fallecimiento, no me sorprendió del todo. Sabía que últimamente andaba algo débil.

 

Mirando atrás y analizando su increíble vida, creo que uno sólo puede sentir felicidad por lo que vivió y dio al mundo y admiración. 

Nos quejamos día a día por cosas ridículas y este hombre se enfrentó a la vida con una fuerza que no le cabía en el cuerpo.

A pesar de su enfermedad, hizo muchas más cosas que muchas personas con el doble de dinero y diez veces más salud que él. Además, todo con optimismo y buen humor.

Hoy sólo puedo decir que me siento muy afortunada de poder haberle escuchado y conocido en persona. Todos sabemos que el legado que nos deja quedará impreso para siempre en sus fascinantes libros. 

De todas las frases memorables que dijo, me quedo con esta:

 

"Mientras haya vida, hay esperanza."

 

Antes de despedirme, os dejo esta imagen que vi el otro día en una red social y me pareció una imagen muy poderosa. Creo que sobran las palabras.

La imagen habla por sí sola.

 

 

                              Adiós Stephen.

 

PD: Dado que no me ha contestado, les invito a que me den una respuesta y así entre todos, quizás nos hacemos una idea de la respuesta que hubiera dado Stephen.

Os recuerdo la pregunta: “Si hubiese vida inteligente fuera de este planeta y tuvieses la oportunidad de hablar con ellos, ¿qué te gustaría saber?”

Personalmente, dado que sabemos que su sentido del humor era elevado, seguro que habría empezado la respuesta con una broma del tipo: “¡Les preguntaría si tienen cerveza!”

¡Qué cachondo era el Stephen!

 

Me despido esperando que te haya gustado este Post y a invitarte que veas el mundo con "mirada cuántica". 

Al ser hoy en España el Día del padre, se lo dedico al mío: mi ruchi, como yo le llamaba o "el guanche" como otros le conocían. Ya que no te lo pude contar en persona pa, te lo dejo por escrito. Te quiero y te echo muchísimo de menos.

 

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Roman Romanenko