Señales desde los confines del universo

 

“-Hay cuatrocientos mil millones de estrellas, sólo en nuestra galaxia. Si sólo una de cada millón tuviera planetas, y de esas, en una de cada millón hubiera vida, y si sólo en una por millón de esas hubiera vida inteligente…habría, literalmente, millones de civilizaciones…”

 

-Si no fuera así…¡Cuánto espacio desaprovechado!

 

Si eres un freaky de la ciencia como yo, te acordarás perfectamente de esta maravillosa escena de la película Contact, en la que Jodie Foster y Matthew McConaughey tienen esta conversación.

Si no la has visto aún, Contact es una de esas películas que te va a dejar con una visión del universo que quizás no tenías. Carl Sagan, gran astrónomo y autor del libro en el que se basa esta fascinante película, se aseguró de que así fuera. (¡Qué grande era Carl Sagan! Pero esa es una historia que contaré otro día...¡jajaja!)

 

La primera vez que vi esta película, allá por 1998, y vi todos esos radiotelescopios plantados en medio de un desierto rodeado de montañas pensé:

Uau!, ¡qué preciosidad de sitio! ¿Dónde es eso? Cuando sea mayor, iré.

 

Casi veinte años después…¡Voilá! ¡Sueño cumplido!

 

 

¿Y qué es exactamente el VLA?

 

Pues es el Karl G. Jansky VLA (Very Large Array), más comúnmente conocido como el VLA: el observatorio radioastronómico más importante del mundo, situado en un lugar remoto del desierto de Socorro, en Nuevo México, Estados Unidos. Está formado por 27 radiotelescopios, colocados normalmente en forma de Y, y con la misma orientación, cambiando esta orientación aproximadamente cada 4 horas.

 

Para llegar a este lugar tienes que conducir horas y horas a través del Estado de Nuevo México, hasta que, por el horizonte, ves aparecer el primer radiotelescopio.

 

 

Cuando por fin encaras el desierto y ves las primeras antenas a lo lejos, te decepcionas un poco...

 

¿¡Por qué!?

 

¡Por el Sistema de Referencia!

 

El desierto es tan vasto, tan amplio, que los radiotelescopios parecen al principio unas insignificantes motas de polvo.

Es como cuando vas a ver un partido de baloncesto y el base te parece bajito. Estamos hablando de un tiarrón de 1.80-1.85m, pero claro, al lado de los otros jugadores que miden 2 metros o más, te parece pequeño.

Pues igual pasa con los radiotelescopios.

Eso sí, una vez te acercas, su tamaño real empieza a mostrarse tal y como es.

 

Y sí, ¡son majestuosos

 

 

¿Y por qué colocar un enclave científico tan importante tan lejos de todo?

No son telescopios normales por los que miras y obtienes imágenes. Son radiotelescopios, que capturan ondas de radio desde los confines del universo.

Si se colocaran cerca de cualquier ciudad, las interferencias de una simple televisión o un teléfono móvil, afectarían de manera muy negativa cualquier observación.

 

De ahí a que este lugar esté tan apartado de todo.

 

Yo creo que es precisamente esto lo que lo hace tan único.

 

Es un lugar especial.

 

 

 

¿Y por qué utilizar radiotelescopios?

 

La luz visible que podemos ver con nuestros ojos y la misma que puede ver un telescopio común, es sólo una pequeña fracción de las ondas electromagnéticas que existen en el universo.

Entre todas las ondas que componen el espectro electromagnético, tenemos las ondas de radio, las microondas, las ondas de luz visible, que son las únicas que nuestros ojos son capaces de detectar, las infrarrojas, la luz ultravioleta, los rayos X y los mortíferos rayos gamma. La única diferencia entre ellas es la longitud de la onda. En otras palabras, la cantidad de energía que transportan.

 

Los objetos celestes tales como estrellas, planetas, satélites, etc pueden emitir todos estos distintos tipos de ondas, no sólo ondas de luz. Por esta razón, si nos limitamos a observar con un telescopio común, una simple nube de polvo taparía lo que hay detrás y nos estaríamos perdiendo mucha información que es invisible a los ojos y a los telescopios comunes.

 

Hay un dicho que me encanta que dice "lo esencial es invisible a los ojos". Pues en este caso, no.. ¡Jaja!

 

Al igual que los rayos X dejan ver a través de la piel, las ondas de radio y demás tipos de ondas electromagnéticas, nos revelan secretos que permanecerían en la oscuridad sin el uso de un radiotelescopio.

¡Fascinante!

Poder construir imágenes de nebulosas, galaxias, etc usando ondas electromagnéticas distintas a la radiación visible me parece, simplemente, fascinante.

 

                         ¡Digamos que la radioastronomía hace visible lo invisible!

 

Además, a diferencia de un telescopio común que sólo puede ser usado por la noche, un radiotelescopio puede ser usado las 24 h del día.

De hecho, los 27 radiotelescopios del VLA están en continuo funcionamiento y puedes ser consciente de ello durante tu visita, al verlos cambiando de posición de forma sincronizada.

Tuve la suerte de ver uno de estos movimientos mientras estuve allí. Eran como las 7 y el sol estaba a punto de ponerse.

¡Qué estampa! ¡Precioso!

De repente todos los radiotelescopios empezaron a orientarse hacia otra coordenada. Haciendo esto, todos reciben la señal del mismo objeto y la señal es magnificada.

 

¡Es como si fuera un solo súper radiotelescopio!

 

Esta visita es muy completa, porque además de disfrutar del increíble paisaje durante el camino, una vez allí, aparte de caminar entre los radiotelescopios en un paraje precioso, puedes entrar en el centro de visitantes y ver la exposición. Allí, aparte de explicarte toda la historia del VLA y sus logros, entre ellos la obtención de más de 43000 imágenes de diferentes objetos cósmicos, puedes ver un documental ganador de un Óscar narrado por la mismísima Jodie Foster. Se llama “Beyond the visible: The story of the Very Large Array”.

¡Totalmente recomendable! A mí se me puso la piel de gallina en muchos momentos del documental...(De nuevo, siendo un poco dramática, ¡jaja!)

 

 

A pesar de ser un paseíto que a simple vista no parece advertir ningún tipo de peligrosidad, todo no es lo que parece... Al estar situado en medio del desierto, se nos avisaba de la posible presencia de serpientes.

En la vida, el que quiere algo, algo le cuesta, ¡jajaja!

 

Antes de despedirme, te muestro el precioso atardecer que tuve la suerte de disfrutar en el VLA.

Como la escena era digna de postal, no reparamos en pararnos justo delante de uno de los brazos de los radiotelescopios y preparar una cenita con nuestro camping gas. Una rica pasta, que a pesar de ser pre-cocinada, me supo a gloria con esas tremendas vistas.

A veces la felicidad reside en las cosas más sencillas...

 

 

Ahora sí me despido esperando que te haya gustado este Post. Y ya sabes, si alguna vez te encuentras por Nuevo México o por algún estado vecino, no dejes de echarle un vistacillo al VLA. Eso sí, no te olvides de apagar tu teléfono para que no interfieras en señales que vienen, tal vez, de otras galaxias...

 

Como siempre, mirando al mundo con esa “mirada cuántica”.

 

¡Hasta la próxima conexión!

 

PD: Y para terminar, te dejo con una de mis citas favoritas que siempre menciono el primer día de clase a mis alumnos. Es la frase que me da esperanza en esto de la ciencia y, además, fue dicha por uno de los mejores y más apasionados divulgadores científicos que ha existido:

"En algún lugar, algo increíble está esperando a ser descubierto."

- Carl Sagan

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Roman Romanenko