¡El Gran Cañón radiactivo!


Y de repente nos dice el ranger del parque:

Hay una ruta alternativa que podéis hacer para bajar el Cañón. El lugar a donde llegaríais se llama Horseshoe Mesa. Este sendero es un poco salvaje y mucho menos transitado. El terreno es muy escarpado, ya que hay un desnivel de 1 km en apenas 5 km de bajada. Pero un poquito antes de llegar a donde vais a acampar, encontraréis una zona radiactiva. Lo sabréis porque está señalizado. Esto es debido a que cerca hay una antigua mina de cobre donde se encontró uranio. Como dato curioso os digo que parte de este uranio fue usado en las bombas atómicas que se tiraron sobre Japón en 1945.”

“Whaaaaaaat??!!”- gritó la pequeña Marie Curie que llevo dentro. De repente sentí todas y cada una de las venas de mi cuerpo. El corazón me latía a mil por hora y sólo por escuchar una palabra: ¡Uranio! ¡jajaja!

Qué emoción sentí en ese momento. ¿Uranio? –pensaba yo. ¡Uranio!

Accedí a hacer la ruta sin pararme a pensar lo que iba a doler ese desnivel con 15 kg a la espalda (y, para hacerlo más dramático, con una pequeña debilidad que tengo en mi rodilla izquierda) pero, ¡me daba igual!

¡Viva el drama y viva la radiación! ¡Jajaja!

Yo quería ver esas piedritas radiactivas verdes de Uranio.

Yo quería volver a ver esos preciosos tonos rojizos del Cañón y, al mismo tiempo, oler la radiactividad.

¡Y para abajo que fuimos!

Como sabes, el Gran Cañón, es una de esas maravillas que la naturaleza ha perfilado con esmero y mucha, mucha paciencia. Se encuentra en el estado de Arizona y es uno de esos lugares que se dice que hay que visitar una vez en la vida.

Cuando lo ves por primera vez, te sobrecoge. Lo miras, y lo vuelves a mirar y te invade una sensación de pequeñez.

De verdad.

Es tan grandioso, tan enorme, que de un sólo vistazo no puedes verlo entero.

Desde arriba, ni puedes ver el fondo.

Es monstruoso, bueno, como casi todo en EEUU. Todo aquí tiene tamaño de cañón: los coches, los aparcamientos, las raciones de comida…

Si piensas venir a visitarlo algún día, intenta meterte en esta orgullosa estadística:

"Sólo el 1% de los turistas que visitan el Gran Cañón lo bajan y lo suben."

Obviamente, si lo bajas, no te queda otra que subir después. ¡Lógica aplastante! De hecho, hay una pegatina que puedes comprarte que dice, muy acertadamente, “Bajar es una opción. Subir, es obligatorio”.

¡Qué avispados estos americanos! ¡jajaja! Supongo que es precisamente por lo que cuesta hacerlo, que la estadística sea tan baja. No obstante, son 4,5 millones de personas las que visitan el Cañón cada año, así que supongo que 45.000 personas que lo bajan, no está nada mal.

No se aconseja hacerlo todo el mismo día. De todos modos, casi no da tiempo, ya que en total son unos 38 km con un importantísimo desnivel acumulado. Estamos hablando de la famosa ruta de bajada llamada South Kaibab Trail y subida por Bright Angel Trail. Por eso, se hace casi imperativo obtener el permiso para poder acampar en el fondo del Cañón y hacer la subida al día siguiente. Así se parte en dos y se disfruta más. Además, dormir en el fondo del Cañón tiene un encanto muy especial: lavarte la cara en el río Colorado, disfrutar de una noche estrellada junto al fuego, escuchar al ranger contando historias del cañón. (mágico). Pero de verdad, desde mi experiencia, te digo que el Cañón se ve de verdad cuando te aventuras a bajarlo.

En esta foto se puede apreciar mi altísimo grado de felicidad al bajar el Cañón por primera vez hace ya más de un año. Curiosamente, cerca de este punto en el que me encuentro, había un cartel que ponía que si seguías bajando más, ya no te daría tiempo subir. Se llamaba "el punto de no retorno".

En mi primera visita hice la ruta larga, de la que hablé antes. Las dos fotos anteriores son de mi primera visita.

A pesar de haber sido mi segunda vez en el Cañón, me ha impresionado igual o más que la primera.

Esta vez, debido a no conseguir plaza para dormir abajo, optamos por esta ruta más salvaje. Claro está, que el añadido de la ruta radiactiva, se hace muy, muy atractiva para una amante de la ciencia como soy yo.

La bajada fue muy dura. Bajar por un terreno resbaladizo, con 15 kg a la espalda y una inclinación del 20% no es tarea fácil. Además, los músculos hacen un esfuerzo espectacular en cada flexión. Por no mencionar que tienes que mirar al suelo continuamente para ver dónde pones el pie. ¿Creéis que esto es fácil, cuando sabes que delante tienes el Gran Cañón? ¡Pues no! Los ojos lo único que quieren hacer es mirar, mirar y mirar esa auténtica belleza. Mirar al horizonte y no mirar al aburrido suelo. En fin, pormenores de esta experiencia. Al final, optas por pararte cada diez minutos, mirar hacia delante, decir un “uauuu”, sacar una foto y seguir.

Sólo con mirar esta foto me vuelve a dar vértigo. ¡Mira esa caída! Te puedes imaginar cómo pasé toda agarrada a la piedra como si no hubiera un mañana. ¡Ja, ja, ja! (El que me conoce sabe que esa carita es de "acojoná perdía")

( Foto: Jonathan Teixera Salema )

( Foto: Jonathan Teixera Salema )

Tras unas dos horas y media algo agónicas, llegamos a la zona de acampada.

¿Que cuánta gente había allí?

¡Nadie!

¡Absolutamente nadie!

Imagínate dónde colocamos la tienda de campaña. En el sitio con las mejores vistas posibles.

Mira este sitio.

Mira esa tienda.

¿No te parece mágico poder dormir en un sitio así sin absolutamente nadie alrededor y con esas vistas?

Eso sí, una vez se pone el Sol y el frío hace acto de presencia, te tienes que “encebollar”. Capas, capas y más capas.

Por esa razón pesa tanto la mochila al bajar y sufres tanto. Tienes que cargar con todas esas capas, más el saco, más la esterilla, más comida calórica, más la tienda. Todo ello necesario si no quieres morir de hipotermia en el fondo del Cañón. ¡Qué dramática soy! ¡Ja, ja, ja! Pero es que soy muy friolera y dormir dentro de una tienda a -8ºC no es cosa fácil, te lo garantizo.

A pesar del frío, una de las cosas buenas cuando cae la noche, son las estrellas. Llega un punto que parece que se te vayan a caer encima. Al principio teníamos un poco de Luna, pero esto no impidió reconocer las típicas constelaciones de diciembre: Orión, el cual vimos salir por el horizonte del Cañón y la preciosa Casiopea. Una vez que desapareció la Luna, ¡uauu! Muertos de frío dentro de los sacos...pero ¡Uau!

Mira esta foto tomada una horita más o menos después de la puesta de Sol...

( Foto: Jonathan Teixera Salema )

A la mañana siguiente exploramos la parte radiactiva donde se encuentran las antiguas minas de cobre y uranio. Esto fue lo que nos encontramos al llegar a la zona.

¡La emoción no cabía en mí!

Esta mina cerca de la zona de Horseshoe Mesa se explotó sobre el año 1900, siendo la mina más fructífera de cobre que existió en el Cañón. Hacia el final de su explotación, se encontró que también había Uranio. Parte del Uranio que se extrajo de esta mina fue usado en las famosas y trágicas bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki.

No estuvimos demasiado tiempo por la zona por razones evidentes, pero sí pudimos encontrar muchas piedras de minerales de cobre de color azul y otras piedras que contenían minerales de uranio de color verde.

¡Había de todos los tamaños y por todas partes!

La verdad que estuve bien tentada en llevarme una de recuerdo. Al final opté por dejarlas atrás por la evidente radiactividad, aunque sí las toqué un poco. (Quizás no debí hacerlo…) Esas cosas cuanto más lejos, mejor.

Aquí en la foto vemos una de cada. ¡La piedra verde es la que contiene Uranio!

Estas dos piedras eran bastante grandes. Cada una del tamaño de la mitad de la palma de mi mano.

¿Y para qué se usa exactamente el Uranio extraído de una mina como esta?

(Este es el párrafo que te puedes saltar si no quieres una pequeñita clase de química ¡Jajaja!)

El Uranio que se extrae de una mina se usa en bombas atómicas o nucleares, que no son más dispositivos que obtienen una gran cantidad de energía explosiva por medio de reacciones nucleares. Su funcionamiento se basa en provocar una reacción nuclear en cadena sostenida. Esto de “sostenida” es la parte más difícil de controlar. Dichas bombas producen una distintiva nube con forma de hongo. Esta tecnología de la bomba atómica fue desarrollada por Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, en el famosísimo y secreto por aquel entonces, Proyecto Manhattan, y es el único país que la ha usado en combate. Concretamente en 1945, contra las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki.

Su funcionamiento se basa en la fisión de núcleos atómicos pesados en elementos más ligeros. Para romper o fisionar estos núcleos de Uranio, se hace impactar sobre ellos un haz de neutrones (similar a lo que hace la bola blanca en el billar con el resto de bolas de colores al empezar la partida). Esto provoca una reacción nuclear en cadena. Al mismo tiempo, se le añaden otros elementos, que potencian la creación de neutrones libres, acelerando la reacción en cadena, que se hace "sostenida", provocando la destrucción de un área determinada por la onda de choque mecánica, la onda térmica y la radioactividad.

Como curiosidad, se ha encontrado una mina riquísima en Uranio a sólo 6 km del Parque Nacional del Gran Cañón y se está debatiendo su posible explotación. Obviamente, las connotaciones medioambientales son gravísimas y más, en un entorno tan único como es el Gran Cañón del Colorado.

Este viaje me ha enseñado más que nunca, que la ciencia está en todas partes. Había estado un año antes en el Cañón para hacer una de las cosas que más disfruto: senderismo, sin sospechar que a unas pocas millas yacía una antigua mina repleta de restos de Cobre y Uranio.

¿Qué he aprendido de esta experiencia?

Pues que la próxima vez que haga cualquier viaje me documentaré, a priori, mucho más a fondo para que no se me pueda escapar una cosa tan fascinante como esta.

Me despido esperando que te haya gustado este Post. Y ya sabes, si quieres hacerte una buena ruta de senderismo, con una de las mejores vistas del mundo y de paso, ver Uranio, pégate un viajecito al Gran Cañón del Colorado: una de las siete maravillas del mundo.

Como siempre, mirando al mundo con esa “mirada cuántica”.

¡Hasta la próxima conexión!

PD: En este caso, ¡todo lo que baja, sube! Aquí, un documento gráfico de la agónica subida...

#uranio #radiactividad #GranCañón

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Roman Romanenko