¡Houston, no tenemos ningún problema!

Hace unas semanas me dio por coger un avión y plantarme en Houston.

¿La excusa? Hacer un curso.

¿La realidad? ¡¡Visitar el Centro Espacial Johnson!!

 

 

 

Esta visita me hizo respetar, aún más si cabe, a los cerebros pensantes que hicieron que el ser humano conquistara el espacio. Me quedo con este dato: Llegamos a la Luna haciendo el 90% de los cálculos matemáticos sólo con lápiz, papel y goma y el 10% con un ordenador, el cual debía ser manejado, como mínimo, por diez personas y tenía una capacidad similar a lo que te ocuparían hoy en día cuatro fotos en tú teléfono móvil.

 

¡Uau!

¡Simplemente uau!

Cálculos de órbitas, velocidad de escape, ángulos de re-entrada y …¡a mano!

Si tienes una idea estimada de lo que supone realizar estos complejos cálculos, te harás una idea del increíble logro. ¡Mi más sincero y profundo respeto!

 

A pesar de que la visita al Centro Espacial era mi objetivo principal, me sorprendí con la ciudad. Houston me pareció una ciudad… ¡preciosa!

 

Posicionándose como la cuarta ciudad más grande de EEUU, es una mezcla perfecta de gran ciudad, moderna con altísimos rascacielos, de los que hacen que te duela el cuello de tanto mirar hacia arriba, y casas de madera decrépitas de la época de la esclavitud, que nos recuerdan las barbaries que el ser humano ha sido capaz de hacer.

 

 

 

 

En cuanto a la visita al Centro Espacial, nada más llegar te topas de frente con el transbordador espacial "Independence" (antiguamente Explorer) montado sobre el portaaviones NASA 905.


Este avión es un modelo especial de Boeing 747 que se encargaba de catapultar al transbordador. 

 

¡Menuda imagen para la retina nada más llegar!

 


No sólo puedes contemplarlos, sino que puedes entrar dentro. ¡En ambos!

¡Increíble!

Este aparato de vuelo es el instrumento de vuelo más sofisticado que jamás ha creado el ser humano. Tanto era así, y tan delicados los parámetros a los que podía volar que, tras años de uso, decidieron jubilarlo y usar cohetes más “sencillos”, como el actual medio de transporte a la Estación Espacial Internacional: la Soyuz.

 

Aquí vemos parte de los cuadros de mando del transbordador.

 

Lo más especial de la visita por el Centro Espacial fue el tour en auto-bus.

¿Por qué?

Porque te llevan hasta el centro de control de las misiones Apolo. ¡El auténtico! El lugar desde donde se dirigió la primera misión tripulada a la Luna y el mismo desde donde se escuchó aquella frase tan célebre Houston, tenemos un problema del accidentado y agónico viaje del Apolo 13.

Yo creo que esa fue la última vez que los americanos etiquetaron algo con ese número. Hoy en día no te encuentras ningún edificio en los EEUU con una planta 13. Es gracioso subirse a un ascensor, mirar los botones y ver que no existe el piso 13. ¡Ay ay ay, las supersticiones!

 

 

En fin, la verdad que mirando el centro de control, te hace imaginarte el frenesí de cuando estaba atestado de gente corriendo de un lado para otro, haciendo cálculos de última hora, haciendo llamadas, lecturas y presionando botones a lo loco. Además, un guía te va explicando cómo se trabajaba allí y alguna que otra anécdota.

Se dejó de usar porque era mucho más caro actualizar los sistemas, que construir otro de cero. Por eso decidieron dejarlo como museo.

Sin duda, a alguien que le apasione la época de la carrera espacial o simplemente la majestuosa NASA, no le deja indiferente un lugar como este.

 

Otra de las paradas del tour en autobús fue el área de ensamblaje y entrenamiento de astronautas.

Es un enorme emplazamiento con un techo altísimo donde, entre otras cosas, te encuentras réplicas de todos los módulos de la Estación Espacial Internacional para que los astronautas se familiaricen con el equipo y los espacios, áreas de construcción de nuevos prototipos de cápsulas de re-entrada a la Tierra y áreas de robótica, donde desarrollan los futuros instrumentos de medida para Marte. Todo esto lo observas desde arriba, por un pasillo detrás de un cristal y puedes ver cómo los ingenieros trabajan a tiempo real. ¡Muy, muy interesante!

 

 

 

¡Y la última parada del tour te deja sin respiración!

Es el hangar donde tienen el auténtico cohete CSM-115 que se suponía que iba a ser de la misión Apolo 19.

Nunca llegó a despegar por cancelación de las misiones Apolo en su totalidad.

¡Menudo bicho!

¡110 metros de altura y 15 metros de diámetro! Yo soy muy alta, pero ahí dentro, me sentí como un hobbit. ¡Jaja!

Impresiona verlo ahí acostado con los miles de complicados circuitos que hacen que ese monstruo vuele. Lo miras y te preguntas: ¿¡Pero cómo leches hicieron que esa bestia volara?!

 

 

El principio de funcionamiento del motor de cohete se basa en la tercera ley de Newton, la ley de la acción y reacción, que dice que "a toda acción le corresponde una reacción, con la misma intensidad, misma dirección y sentido contrario". Así, el cohete se desplazará hacia arriba por reacción a la presión ejercida por los gases en combustión en la cámara de combustión del motor. Por esto, este tipo de motor es llamado de propulsión a reacción.

Como en el espacio exterior no hay oxígeno para quemar el combustible, el cohete debe llevar almacenado en tanques no sólo el combustible (carburante), sino también el oxidante (comburente). De ahí que tengan que ser tan grandes.

Este cohete es un cohete de tres fases que se van desprendiendo a medida que se asciende. Cada fase posee sus propios motores y propelente.

 

La primera fase, la más pesada y gruesa, tiene cinco potentes motores de combustión del tamaño de un coche cada uno. Imagina el tamaño. ¡Qué barbaridad! La segunda y la tercera fase, que van encima, tienen un tamaño algo inferior.

 

Durante el despegue, la primera etapa y los propulsores propulsan todo el cohete hacia arriba. Cuando se le agota el combustible a los propulsores, estos se desprenden del resto del cohete con un tipo de pequeña carga explosiva y caen a la tierra. Entonces la segunda etapa impulsa el cohete hasta que también se agota y cae. Es entonces cuando un pequeño cohete, con la tercera etapa de base, se enciende. Este proceso, conocido en los círculos de cohetería como estadificación, es repetido hasta que el motor de la última etapa termina con su combustible.

 

¡Y todo esto calculado con lápiz, papel y goma!

 

La verdad que es algo dificilísimo de creer y, más aún, cuando estás al lado de ese enorme cohete intentando ver dónde termina.

 

Hoy en día ya no se tienen cohetes totalmente deshechables, entre otras cosas, para abaratar costes y evitar que siga habiendo tanta basura espacial. Lo que NASA está haciendo ahora mismo es construir un cohete que vuelva a la Tierra y se pueda volver a utilizar en su totalidad. Ya han hecho pruebas y están a punto de comercializar con él. ¡Brutal!

 

 

Esta es una de esas experiencias en las que te das cuenta de lo extraordinario que es el ser humano. A veces somos capaces de lo peor, pero cuando ponemos toda nuestra determinación, curiosidad y trabajamos juntos, usando a la ciencia como nuestra aliada, logramos objetivos que creíamos imposibles.

 

Yo por eso, en temas de ciencia, digo que "nada es imposible".

 

Me despido esperando que te haya gustado este Post y te haya dado un poquito de ganas de ir a hacerle una visita a su majestad la NASA.

 

Como siempre, mirando al mundo con esa “mirada cuántica”.

 

¡Hasta la próxima conexión!

 

 La viajera cuántica.

 

 

 

 

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Roman Romanenko